Casa de Papel parte 4 Reseña (sin spoilers)

Nuestro especialista Flavio Ravella, nos trae la reseña de una de las series mas esperadas.

Crítica de La casa de papel temporada 4, con mucha más acción ...

Series y películas sobre atracos hay a montones. Sin embargo las que marcan la diferencia son las que tienen mucha originalidad en las formas del robo o equellas que se construyen a través del carisma o el colorido de sus personajes. Cuando la Casa de Papel se estrenó fue un furor, y ese furor fue en parte gracias a que su estructura era novedosa, fresca y fundamentalmente su gran sostén y lo que atrapó al público fueron sus personajes.
La pregunta es como puede sostenerse en el tiempo un robo durante 4 temporadas y habiendo ya confirmadas dos temporadas más. La respuesta es un ida y vuelta porque ante el atraco consumado en temporadas anteriores y la puesta a salvo de casi toda la banda los productores recurren a un lugar común entre los ladrones de élite: no saber que hacer con sus fortunas y querer superar el golpe anterior.
Con esas premisas llegamos a esta 4 parte que continúa inmediatamente después que su predecesora y en donde la serie no puede evitar en caer en lugares comunes y repetirse. Ingenio, un gran golpe, esa sensación de estar al borde del fracaso y la catástrofe constantemente pero sobre todo sacar ases bajo la manga en todas las situaciones. Las contingencias que preveé el Profesor son dignas de un genio salvo por los imponderables que vienen de la mano con sus subalternos. Algo lógico ya que cada uno de ellos tiene sus personalidades fuertes, están al borde del desquisio el cual va de la mano con sus relaciones intimas. Allí es donde esta cuarta parte pierde su escencia en los primeros episodios en los cuales parece que no pasa nada y se estanca el relato. Sin embargo lo que sostiene la serie sigue siendo la enorme tensión ante cada situación, el carisma y peso de sus protagonistas a los que se llega a amar y odiar por igual y el golpe al corazón del fan que siempre es necesario. La gran pregunta es si en las dos partes confirmadas que faltan se podrá sostener este atraco interminable sin caer, aunque sea una ficción, en el absurdo.

Series y películas sobre atracos hay a montones. Sin embargo las que marcan la diferencia son las que tienen mucha originalidad en las formas del robo o equellas que se construyen a través del carisma o el colorido de sus personajes. Cuando la Casa de Papel se estrenó fue un furor, y ese furor fue en parte gracias a que su estructura era novedosa, fresca y fundamentalmente su gran sostén y lo que atrapó al público fueron sus personajes.
La pregunta es como puede sostenerse en el tiempo un robo durante 4 temporadas y habiendo ya confirmadas dos temporadas más. La respuesta es un ida y vuelta porque ante el atraco consumado en temporadas anteriores y la puesta a salvo de casi toda la banda los productores recurren a un lugar común entre los ladrones de élite: no saber que hacer con sus fortunas y querer superar el golpe anterior.
Con esas premisas llegamos a esta 4 parte que continúa inmediatamente después que su predecesora y en donde la serie no puede evitar en caer en lugares comunes y repetirse. Ingenio, un gran golpe, esa sensación de estar al borde del fracaso y la catástrofe constantemente pero sobre todo sacar ases bajo la manga en todas las situaciones. Las contingencias que preveé el Profesor son dignas de un genio salvo por los imponderables que vienen de la mano con sus subalternos. Algo lógico ya que cada uno de ellos tiene sus personalidades fuertes, están al borde del desquisio el cual va de la mano con sus relaciones intimas. Allí es donde esta cuarta parte pierde su escencia en los primeros episodios en los cuales parece que no pasa nada y se estanca el relato. Sin embargo lo que sostiene la serie sigue siendo la enorme tensión ante cada situación, el carisma y peso de sus protagonistas a los que se llega a amar y odiar por igual y el golpe al corazón del fan que siempre es necesario. La gran pregunta es si en las dos partes confirmadas que faltan se podrá sostener este atraco interminable sin caer, aunque sea una ficción, en el absurdo.

Por Flavio Ravella

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